por la profesora Susana Martin Belmonte (traducido del inglés)

“Algunas ideas de lo que aquí voy a desarrollar están recogidas en un anterior trabajo que publiqué en 2011 con el título “Nada está perdido, un sistema monetario y financiero alternativo y sano”i en el que incluía la propuesta de cambio de sistema monetario y financiero, sin la cual, la transición que nos espera será dramática.

La era de la abundancia ha sobrevenido gracias a la revolución digital, que ha convertido en abundantes algunos bienes que antes eran (o se podían hacer) escasos.

Otro tipo de abundancia nos ha llegado por la apertura de mercados tradicionalmente cerrados y monopolísticos. Se trata de la capacidad de cada persona de acceder a la capacidad de producir para su propio consumo en esas industrias. Esto es algo que generalmente no puede hacer una persona de forma aislada y exige la formación de algún tipo de estructura colaborativa o cooperativa con otras personas que persigan el mismo fin. Como resultado, se rompe el monopolio de oferta de estos servicios y se reducen los márgenes de beneficio en estos sectores.

Esta tendencia se ha denominado desmercantilizaciónii, pues lo que es común en estos dos casos es que el mercado se reduce, bien porque el producto deja de serlo, para convertirse en un bien libre con muy pocas posibilidades de venta, bien porque el consumidor se autoabastece del bien gracias a unas determinadas estructuras organizativas, y la inversión atomizada en infraestructuras.

La economía colaborativa y la abundancia de compartir

La economía colaborativa es un campo en el que se pueden incluir muchas de las transformaciones que ya hemos descrito. La reutilización de objetos, el acto de compartirlos o los esquemas de ayuda mutua también pueden considerarse otra ramificación de la desmercantilización, pues permiten a los usuarios satisfacer necesidades que en otras circunstancias se podrían haber satisfecho mediante la producción formal de bienes y servicios. Gracias a plataformas online, en la mayor parte de los casos, los prosumidores contactan entre sí, colaboran y se evalúan mutuamente. En ocasiones se trata de convertir el activo que es propiedad de una particular, en tanto no lo use, en un activo transferible que le da capacidad de acceso a otros bienes, aumentando su poder adquisitivo y sustituyendo a los operadores tradicionales.

Pero si los protocolos de comunicación y las licencias son importantes, más lo son las personas. En contra del homo economicus, el axioma de la teoría económica que considera como hecho evidente el comportamiento egoísta del ser humano, y que ha sido ya perfectamente refutada a nivel empíricox,

Aparecen como un fenómeno ya consolidado los comuneros (commoners en inglés), aquellos que perpetran la producción de bienes desmercantilizables.

La historia económica de la humanidad viene marcada por la evolución que genera la innovación. Con cada innovación, los sectores más innovadores producen un mayor valor añadido, es decir, acaparan más margen de beneficios y como consecuencia, más talento y más trabajadores, en detrimento de los sectores más primitivos. Los sectores de vanguardia han ido evolucionando a lo largo de la historia. En la antigüedad era la agricultura, en la edad media pasó a ser la artesanía, en la edad moderna el comercio, luego la industrialización, y ahora es el conocimiento. Un sector del conocimiento que, desde la revolución digital, ha empezado a evaporar el valor.

La productividad se ha estancado por falta de ventas. La revolución digital está generando procesos que aumentan la productividad en unidades: las unidades de producto obtenido por hora trabajada, pero algunas de ellas también desmercantilizan el producto, de forma en algunos casos las ventas de ese producto no aumentan en la misma proporción o incluso disminuyen.

El otro indicador que apoya la hipótesis de la desmercantilización es la falta de inversión empresarial que se está registrando a causa de la falta de beneficios empresariales esperados, tal como Michael Roberts viene anunciando en su blog. Incluso en momentos como los actuales en que la economía estadounidense parecía que despegaba, estudios recientes demuestran que el crecimiento es efímero y basado exclusivamente en el consumo, que ha sido alimentado artificialmente por condiciones crediticias favorables y un aumento de los precios inmobiliarios (de nuevo).

La desigualdad de la nueva normalidad

Thomas Piketty demostró recientemente en su libro “El capitalismo en el siglo XXI”xviii que cuando el rendimiento del capital es mayor que la tasa de crecimiento económico, las desigualdades tienden a incrementarse. En un escenario de decrecimiento, la única posibilidad de que las desigualdades no se incrementen es con una tasa de retribución del capital igual o menor que cero. Sin embargo el sistema monetario y financiero actual no puede funcionar en esas condiciones, pues en teoría se basa en un mercado (el mercado de dinero). No hay mercados a precio cero.

Aprovechar la abundancia de compartir

Hemos ya mencionado el argumento de que algunas plataformas de la economía colaborativa se apropien de un valor que en realidad les corresponde a los prosumidores de las mismas, lo que ha dado origen al estudio de diversas estrategias para que los beneficiados de esta transición sean los usuarios o prosumidoresxxvi. Trevor Scholz apunta en esta misma dirección y defiende el modelo de cooperativa para gestionar este tipo de plataformas en su reciente libro Cooperativismo de plataformaxxvii. Generar un valor social en forma de moneda complementaria puede ser otra estrategia que puede facilitar el que el prosumidor pueda crear derechos de acceso a los bienes.

Estrategias para una nueva fiscalidad

Si pudiéramos convertir el tiempo disponible de cada persona desempleada (el tiempo laboral: por ejemplo 8 horas diarias) en dinero, seríamos un país rico. Como apuntábamos antes, una posibilidad para incrementar los ingresos del Estado consiste en que los ciudadanos creen una moneda respaldada con su trabajo y con ella financiasen al Estado. Este sistema permitiría a los ciudadanos pagar en tiempo de trabajo los impuestos al Estado a cambio de que el Estado utilice justo este dinero para proveer los servicios públicos. Sería como hacer entrar al Estado en el esquema de una industria de prosumidores.

Las comunidades y la financiación del procomún

Las comunidades constituyen lugares vibrantes en los que se están produciendo cada vez más bienes comunes. La búsqueda de financiación de los comunes han llevado a un grupo de personas a reunirse para encontrar estrategias para generar dinero para los comunes.

Para la financiación del procomún desde el ámbito comunitario existe un modelo que probablemente tenga muchas posibilidades de prosperar. Se trata de destinar los beneficios producidos por una empresa en la economía de mercado a la producción de bienes públicos. Sería como unir economía de mercado con producción pública.

Proteger el beneficio cuando llega a cero

Las empresas pequeñas y medianas son las que peores ratios de productividad tienenxxxvii pero también son las que más cumplen con los requisitos que la legislación local les obliga a cumplir, pues su capacidad de deslocalización es mucho menor o incluso nula. Las pymes no solo son la fuente de más del 90% del empleo, además están ligadas al territorio, tienden a operar en competencia perfecta y su capacidad de hacer lobby es muy baja. Esto hace que, si hay alguna posibilidad de transformar el sistema productivo en aquel que es óptimo para los objetivos ambientales y sociales de la mayoría de la población, esta posibilidad pasa indudablemente por las pymes, por mejorar su productividad y su competitividad.

En este escenario, una estrategia para mantener este tipo de empresas, de producción y de empleo, puede articularse mediante la creación de sistemas de moneda complementaria. Este tipo de sistemas permiten la generación de una liquidez estable, libre de intereses y a muy bajo coste. Los mecanismos de publicidad del sistema, como revistas o páginas web donde figuran todos los integrantes, proporcionan a las empresas nuevos clientes entre los demás participantes en el sistema. En una estructura económica diversificada, este tipo de sistemas constituyen un factor de competitividad esencial para muchas empresas pequeñas y medianas, pues blinda su acceso a la liquidez y las desvincula de los avatares del mercado financiero global. Los sistemas de monedas sociales y complementarias actúan de forma contracíclica, aumentan el multiplicador económico en su ámbito de actuación y aportan estabilidad macroeconómica, tal como se ha probado en el caso del WIR suizo, una moneda complementaria suiza creada por un grupo de empresarios para su propio uso en la gran depresión y que ha sido estudiado en sus 80 años de existenciaxxxix: en las épocas buenas no crecen mucho, pero en las contracciones económicas que son típicas en las crisis financieras, suponen una tabla de salvación para numerosas empresas y sus participantes aumentan en número y grado de actividad.

Los sistemas de moneda complementaria pueden tener un importante papel adicional y es el de convertir a los consumidores y empleados de las mismas en prosumidores.

El procomún del dinero y del crédito

Una parte importante de la infraestructura necesaria para producir este bien es la confianza. El dinero es una institución social basada en la confianza. Los usuarios de la moneda dan su tiempo y sus bienes a cambio de la moneda de su país, lo que constituye la esencia del poder del dinero. Esa confianza históricamente ha sido tejida entorno a figuras autoritarias como reyes o Estados, pero en la actualidad es el sector bancario quien la detenta, aunque la desinformación al respecto es tal, que la creencia de que el dinero lo crea el Estado sigue muy extendidaxlvi.

Conclusiones

Durante años hemos estado viviendo el incremento constante del tamaño del mercado a causa de la financiarización del sistema económico. El mercado ha invadido de forma paulatina cada parcela de nuestra vida. La revolución digital nos trae el movimiento contrario: la desmercantilización. La desmercantilización toma dos formas: productos que se vuelven bienes libres con muy pocas posibilidades de ser vendidos, y la auto-prestación: soluciones articuladas por parte de prosumidores organizados que anulan monopolios de productos y reducen márgenes empresariales de las industrias que venían produciéndolos. Esta economía de la abundancia nos impone sus condiciones que deberemos entender para aprovechar su potencial.

La desmercantilización marca una tendencia natural hacia el estancamiento económico, si se quiere expresar dentro de los parámetros económicos actuales.

Un modelo económico de la abundancia
podría tener muchas posibilidades de
generar sociedades más vibrantes y sanas.

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